Nuestra historia

Nosotros les pusimos el nombre.

Año 2001. En algún archivo de la Superintendencia de Bancos de Panamá dormía un problema del tamaño de un sistema financiero entero: tres años de retraso en la presentación de reportes. Decenas de entidades, cada una reportando en su propio formato, a su propio ritmo, en su propio idioma técnico.

La SBP decidió resolverlo en grande: una licitación pública internacional, con apoyo del FMI. Dieciséis empresas de siete países compitieron. Estudiamos el problema, diseñamos un proyecto y competimos con una propuesta concreta bajo el brazo. Tres años de atraso se convirtieron en disponibilidad inmediata de información. No fue un ajuste: fue un cambio de era.

Pero faltaba algo. Aquellas estructuras mínimas de información — las unidades más pequeñas e indivisibles del dato bancario — no tenían nombre. Y lo que no tiene nombre, no existe. En nuestra mesa de trabajo, alguien lo dijo por primera vez: Átomo. La palabra se quedó. Hoy es el idioma oficial de la banca panameña.

Veinticinco años después seguimos exactamente donde empezamos: cada normativa que publica la SBP la estudiamos el día que se publica, cada átomo que se modifica lo resolvemos antes de la fecha límite, y cada mes más del 56% de la banca panameña de licencia general valida sus átomos con nuestra tecnología.

Hay empresas que aprendieron los átomos. Nosotros les pusimos el nombre.